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lunes, 8 de febrero de 2010

derroche fiscal, desorden económico, caos institucional, ausencia de control, de informalidad caracteriza por el narcotráfico, el contrabando...

Una declaración que manifiesta con objetividad la realidad nacional, se ha convertido en un revés a otras que se hacen con fuerte contenido emocional. Yo no creo que el Presidente da Silva del Brasil haya dicho algo fuera de contexto, cuando afirma que seguirá comprando gas a Bolivia aunque en realidad ya no lo necesite, en una demostración de solidaridad con un país pobre y por supuesto de cumplimiento de obligaciones.

Lo que pasa es que esta frase “país pobre” no se condice con las grandilocuentes declaraciones del señor García Linera de que Bolivia, ha dejado atrás la pobreza y ahora se encamina a un proceso de industrialización y modernización de su economía. No hace pocos días atrás este señor afirmaba con una soberbia propia de político demagogo, que Bolivia era poco menos que Chile o el propio Brasil.

Son los “cambios profundos”: esos que la revolución socialista comunitaria que encabeza los que parece le tienen beodo todo el día y le hacen ver maravillas donde existe la miseria. Es que eso de la existencia hace al nivel de la conciencia es una verdad. Como vivo pienso. Y como ahora este señor es atendido por mozos de guante blanco, tiene chofer, no sabe lo que es mantener una familia, criar hijos, educarlos y llamar al médico cuando se enferman, ir al mercado para darles de comer, sino que come del erario público, no gasta en nada y habla todo el día de política socialista y se considera un indio de raza blanca, adulado por moros y cristianos, se cree eso de que Bolivia ha cambiado y que todos viven como él. ¡Cómo no iban a molestarle las declaraciones de Lula!

Bolivia: esta de los cambios profundos sigue sin poder superar los índices de pobreza extrema, de desigualdad social y de inequidad en la distribución del ingreso nacional. La informalidad económica vanguardizada por el narcotráfico continua, el contrabando campea, la defraudación tributaria se mantiene y todo el aparato Estatal no se ha modificado en nada. La burocracia es mayor que antes y la mala atención de las instituciones públicas es peor que antes, debido, a que se mantienen las prácticas del soborno y la coima, que ahora cobran los nuevos originarios de corbata.

Las exportaciones caen en volumen y precio, los gastos fiscales crecen y no tienen una base de sustento en los ingresos lo suficientemente serios como para seguir ofertando, bonos, subvenciones y nuevas empresas estatales denominadas “estratégicas”, el gobierno se apresta a asaltar el dinero de los trabajadores en los Fondos de Pensiones, el dinero de las Alcaldías y Prefecturas que corresponden al IDH, sostiene y se calla sobre el accionar de la Banca que sigue haciendo ganancias extraordinarias gracias a la política del sordo y ciego que tiene el Ministro de Economía y Finanzas y la Superintendencia de Bancos, que fomentan un spread que muestra la enorme ineficiencia de este sector.

Las inversiones no llegan y nadie piensa en Bolivia a la hora de decidir dónde invertir. Quienes como la Jindal lo hicieron, ahora está paralizando su inversión por falta de cumplimiento de la contraparte nacional y porque ahora saben que no tienen seguridad jurídica. La COMIBOL no puede vender las 250 TM de cobre que han producido en la planta de Coro - Coro, Huanuni le está costando al Tesoro General de la Nación sustentarla, los Bonos Juancito Pinto y Juan Azurduy tienen que echar mano de las Reservas Internacionales para ser cancelados.

Todo este caos institucional, desorden económico, derroche fiscal, con ausencia de fiscalización, control y transparencia en todo el ámbito económico nacional, es de conocimiento de los Embajadores acreditados en el país e informan a sus gobiernos. Por eso un Presidente como Lula se llena de conmiseración porque cree que un indio como Presidente está haciendo su mejor esfuerzo para gobernar y no quiere ahogarlo de un manazo, dejando de comprarle gas.

Para tener una idea de la dimensión de esta conmiseración internacional que se tiene con el gobierno de Evo Morales, preguntémonos: ¿Qué pasaría con la economía nacional si el Brasil deja de comprarle el gas a Bolivia? ¿toda esa soberbia política que ahora desgranan no se iría por el caño del desagüe? ¿Y esto no demuestra que la dependencia económica no ha cambiado un ápice?

Pero conste que no es una dependencia del imperialismo norteamericano, sino del Brasil, que para Evo Morales no es un imperio sino un gobierno hermano. (Riguroso análisis de Dante Pino en HB.com)

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