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martes, 15 de noviembre de 2011

Mario Rueda Peña con esa visión privilegiada de la realidad que le es propia escribe que lo de aprender idiomas nativos será un intento sin éxito porque si bien impartirán principios gramaticales en la práctica nadie secundará a los estudiantes de modo que es una tarea imposible

Claro, los alumnos de los diferentes niveles escolares terminarán balbuceando, en forma diferenciada, algún idioma nativo, pero fuera de las aulas escolares les resultará difícil encontrar a alguien con quien hablar en quechua, aymara, guaraní o cualquiera de las 36 lenguas indígenas
Son múltiples los factores que determinan la mayor o menor funcionalidad de un idioma. En los tiempos actuales, las lenguas de mayor vigencia a escala universal son las de países con gran estatura demográfica, sensible liderato en la aplicación de la tecnología de punta a la información, el conocimiento y creciente influencia en el mercado internacional.
En el pasado, como ocurría en los tiempos del Imperio Romano, la expansión lingüística era resultado de la conquista territorial. Por esta vía, el latín se impuso a las lenguas nativas de España, por solo citar este caso, pero a costa de convertirse en una suerte de “cholo” o mestizo lingüístico, quien bautizado como “romance”, fue el progenitor de ese español que ahora compite con el inglés y el chino a escala mundial.
En la época actual, en la economía, la tecnología y el mercado internacional radican las claves de la supremacía lingüística.
Tanto el español, como el inglés y el chino deben su actual y su mayor funcionalidad a la circunstancia específica de que son lenguas que hablan miles de millones de personas, en América, Europa y Asia, corriendo a su favor necesidades comunicacionales que privilegian su empleo en el comercio mundial.
En Bolivia, economía y mercado afirmaron igualmente al español como la lengua de mayor uso en el país. La migración campo-ciudad, proceso al que siguió el surgimiento de la economía informal o ferial urbanas, contribuyó poderosamente a este fortalecimiento. Miles de miles de aymaras o quechuas parlantes, huyendo de la extrema pobreza se asentaron en zonas periurbanas de las principales ciudades del país, dedicándose a la actividad ferial o artesanal, principalmente. Terminaron hablando español, que era la exigencia idiomática en el mercado ferial y laboral. El idioma de Cervantes llega igualmente a las comunidades de origen, donde sus habitantes son ya bilingües, como lo puede comprobar cualquiera que las visite.
El actual Gobierno parece decidido a preservar las lenguas nativas contra un español de creciente funcionalidad. Apuesta para ello al aprendizaje obligatorio de idiomas nativos en el sistema escolar del país. Se sabe que para ello fueron ya capacitados nada menos que 30 mil docentes.
Claro, los alumnos de los diferentes niveles escolares terminarán balbuceando, en forma diferenciada, algún idioma nativo, pero fuera de las aulas escolares les resultará difícil encontrar a alguien con quien hablar en quechua, aymara, guaraní o cualquiera de las 36 lenguas indígenas que la nueva Carta Magna incorpora al bagaje lingüístico del “Estado Plurinacional”.
Tarea imposible, ésa de preservar a los idiomas nativos contra el avance del español.
 
El autor es periodista
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