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miércoles, 15 de abril de 2015

Karen Arauz describe la Cumbre de Panamá, y nos recuerda todo ese larguísimo proceso de "un socialismo que no le sirve ni siquiera a Cuba" y con la sapiencia que domina y estudia y pone en labios de Raúl no esmás "El Americano Feo", sino un buen tipo, honesto y valiente. texto que ilustra dejándonos un atisbo de esperanza.



EL AMERICANO (ya no tan)FEO  
Karen Arauz

Con la guerra fría en su auge, dos autores norteamericanos ( Lederer y Burdick  ) tuvieron la notable habilidad de adjetivar  total y definitivamente a sus coterráneos.  El Americano Feo, novela catalogada de ficción política, fue abrazada por ciertas corrientes anti-imperialistas hasta casi apropiársela-,  simplemente porque la trama les daba la razón.


Con la caída de la Unión Soviética surgieron corrientes nostálgicas de neo comunistas  que en los últimos tiempos, sobre todo en América Latina, sólo se han desnudado para mostrarse tal cual son: oportunistas, fanáticos irreflexivos aunque  todos muy hábiles para disfrazar su extremismo y sus tentaciones totalitarias, legalizándose por medio de los mecanismos democráticos.  Todos sabemos, que esta táctica, les presta legalidad, pero su legitimidad, no podría estar más cuestionada.  Una vez abandonado el foquismo y la clandestinidad con su romanticismo,  han logrado mimetizarse en las instituciones democráticas.


A la luz de los últimos acontecimientos hemisféricos, el "un Vietnam, dos Vietnam, cien Vietnam" de Chávez ha sido superado y el Foro de San Pablo,- con el sello hereditario de la otrora internacional socialista-, es el legado que el mundo facturará a Fidel Castro,  quien vio en su formación el modo de seguir financiándose  abandonando la exclusiva polarización izquierda-derecha.  Se le ha dado valor desde los radicales ambientalistas,  hasta a los militantes del orgullo gay, descubriendo -entre otros- que el indigenismo, podría ser un estupendo modo de  que Cuba continuara sobreviviendo vendiendo ideología y sus probados métodos de dominación vía supresión de libertades.


Muerta la Unión Soviética, para paliar los mermados ingresos de la isla amén de su soledad,  se echó mano de la demagogia que a nombre de "soberanía" (nacionalizaciones que son simple compra de activos) se constituyeron en aliados ideales  para seducir a ciertos líderes de países de Latino América en su utopía utilitaria.  Pero luego muere su más eficaz instrumento: Chávez Frías y el sucesor por ellos elegido, Nicolás Maduro, resulta una verdadera catástrofe que hace tambalear toda la estantería tan cuidadosamente construida. No obstante, la destrucción de la institucionalidad democrática, como la anulación de la independencia de los poderes (el electoral en Bolivia es una patética demostración) aún rinde sus frutos en media docena de "progresistas"  del Siglo XXI. 


 "El socialismo no sirve ni para Cuba" Fidel dixit.  Sabía perfectamente, que no podían seguir siendo esa isla más allá de lo geográfico y continuar remando contra la corriente. Exportadas y agotadas sus ideas, ha llegado el momento del pragmatismo.  Y para ellos, auspiciosamente, emerge un presidente norteamericano, que busca a su vez la manera de distinguirse del resto y dejar plasmada una iniciativa que le signifique una lugar destacable en la historia. Las siempre cuestionadas políticas de relacionamiento externo de la primera potencia del mundo, encuentra en la integración de Cuba, un saludable paño frío a su mítica fama de americano feo,  paternalista, mandón e intervencionista. 


Llegar a territorio americano portando cigarros Partagás o Cohiba, ya dejó de ser un delito. Cuba, abandonará en breve, la temida lista de países propiciantes de terrorismo y con el tiempo, la flexibilización del embargo convertirá a la bella isla caribeña, en receptor de sus marcas poderosamente colonialistas y cruceros de súper lujo repletos de imperialistas masca chicle y chillonas camisas floreadas,  pero portadores de las divisas de urgente necesidad. Esto terminará de hacer añicos su retórica a tiempo de dejar hablando solos a sus amigos de la ALBA.


Ha sido el mismísimo Raúl Castro, el encargado de suavizar la imagen tan fea de los americanos. Obama, había sido un buen tipo, honesto y valiente. Aunque fiel a su formación, Castro resaltó el origen humilde de Barack Obama como causante de esas virtudes, para quedarse al menos, con un milímetro de su orgullo y de su discurso incólume. Obama y Castro en la Cumbre de Panamá,  pusieron la melodía en el concierto para dos.

Descolocados y rabiosos quedaron los radicales que pretendían un "ajuste de cuentas" con Obama por proscribir a siete connotados corruptos venezolanos. Hay que admitir, que las firmas de supuestos 10 millones de venezolanos para "exigir bajo conminatoria de ajustarle la horma de sus zapatos" no pasó de ser una nueva anécdota y se fueron por donde vinieron. Y por supuesto sirvió como una gran distracción a la insistente  violación de DDHH  y a la persistente crisis financiera con su siamesa, la rampante corrupción. 


Los discursos agresivos de Cristina  Kirchner o Nicolás Maduro entre otros,  no hicieron más que ridiculizarlos considerando  que el show se lo robaron los hoy ex-enemigos íntimos. Probablemente pasan por alto, que Cuba no es un peligro para la seguridad de Norteamérica. Mucho menos Venezuela.  Otra cosa que si se  ha logrado con este acercamiento, ha sido frustrar en parte, los avances de interesada seducción de Rusia y China hacia Latinoamérica. 


Estados Unidos, más allá de su presidente,  tiene asuntos algo más importantes y urgentes en su agenda de liderazgo mundial. Es probable que ahora sí, dirija -sin distracciones- sus esfuerzos y su puntería hacia los que pueden poner en entredicho su peso en el mundo. Los próximos pasos de los feos americanos -por estas latitudes ya no tan feos-, con seguridad se dirigirán al Medio Oriente.

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