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viernes, 2 de noviembre de 2012

sin educación no hay convivencia. la tolerancia es nula. Mónica Olmos otra vez invoca la necesidades imprescindibles de Educar para devolver el humanismo a nuestro sociedad


Ninguna ironía. Este año he leído una docena de investigaciones de postgrado en ciencias de la educación y ¡vaya  coincidencia!, todas hablan sobre lo mismo: respeto, tolerancia, diálogo, concertación, conciliación, interculturalidad, redención del sujeto, cultura de paz, derechos humanos, humanismo pedagógico, amor, ser íntegro, formación integral, coloquio.
Usted se preguntará: ¿qué tienen que ver estos conceptos con la investigación científica en el campo de la educación?  Los autores de estas tesis le responderán que todo. Todo tiene que ver con educación. Fíjese, las marchas, los paros, los bloqueos, la intolerancia detrás del volante, la pobreza, la corrupción, el maltrato de la funcionaria pública, el abogado ladrón, el periodista perdido en la maraña de verdades y mentiras, la ausencia del saludo, el desconocimiento del gracias, la autoridad vendida, el empresario sólo empresario, el político sólo político; en fin, todos los males de nuestra sociedad tienen una sola causa: la falta de educación.
No estoy haciendo retórica ni hablando de teorías ni estrategias metodológicas ni ejes paradigmáticos… la pura realidad, lo que vivimos usted y yo a diario; eso que nos envenena un poco cada día se debe a que la pedagogía no está haciendo bien su trabajo, ¡definitivamente!
Es que suena cursi el discurso del humanismo, del amor, de la pasión por el trabajo, de la fe, del diálogo sincero, del abrazo, de la comunicación. Los estudiantes te miran raro cuando ingresas al campo de la reflexión. Ellos quieren conocimientos, técnicas, métodos, modelos, procedimientos, el “saber hacer”. Y te dicen: “Dame algo con lo que pueda mantener a mi familia, no me hables de humanismo”. Ésa es la sensación que la mayoría de las veces tengo cuando me refiero al objeto de la pedagogía en los módulos de investigación educativa o de didáctica, por ejemplo. Me miran como diciéndome “sabe, necesito el cartón, el grado y lo que dice ya lo sabemos y bien gracias”.
Y bien gracias el dirigente sindical nos desea un feliz Todos Santos y luego dice que habrá sorpresa (textual) refiriéndose al paro indefinido. ¿Quién es este individuo para decidir lo que está bien y lo que está mal para todos nosotros?
Mis hijos que cada noche me atormentan preguntándome si al día siguiente habrá clases, al escuchar las declaraciones del dirigente de los choferes, quedaron más confundidos y tuve que explicarles que lo que el señor estaba diciendo es que primero está la joda y después todos jodidos; es decir, primero bailamos y nos emborrachamos, luego, a caminar.
Percibo que la insensibilidad nos gangrena el ser, que cada día los humanos somos menos humanos. Espero estar equivocada, aunque los hechos me den la razón. ¿Cómo es posible que los medios de comunicación extranjeros hayan hecho mayor eco del brutal atentado al periodista de Radio Popular de Yacuiba, Fernando Vidal? Es que un hecho así no merece voz baja ni mirada al costado, más aun tratándose de un compatriota.
¿Tan amedrentados están los medios que optan por el disfraz de despistado en vez de defender lo que es vital para el ser humano como el derecho a la vida, al trabajo, a la libertad de decir las cosas como son o, finalmente, como nos parece que son?
¿Qué tienen que ver la educación y la pedagogía en esto? Todo, porque son estas ciencias las que nos deben devolver la condición de seres humanos sensibles, amorosos, honestos, limpios, tolerantes, conscientes, libres, firmes, justos.
Hasta el cansancio debatamos una y otra vez sobre nuestra condición de seres humanos para formar políticos honestos, dirigentes sensibles, profesionales conscientes, ciudadanos tolerantes. Eduquemos personas capaces de entenderse dialogando.
La autora es comunicadora social
molmitos2010@gmail.com
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