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lunes, 21 de julio de 2014

Harold Olmos se preocupa. no puede ser el fútbol el principal paradigma, la meta, la ilusión, la visión de todo un colectivo. tienen que existir otros valores puestos en la ciencia, la investigación, el esfuerzo de salir adelante, de lo contrario estaremos cerrando el camino, que debe ser ancho y prometedor. estremos atentos promete el observador.

Corren los días y empieza en Brasil un debate más sereno y profundo sobre el descalabro que sufrió su selección en el Mundial para el que tanto se preparó y del que ni en pesadillas esperaba tanta amargura. Entre los conceptos que emergen del debate está la confianza en que lo ocurrido ayudará al país a sentar bases para crear nuevos paradigmas, especialmente para los jóvenes.

Una sociedad no puede marchar firme en el tiempo si los jugadores de fútbol son una referencia más relevante que la de otros segmentos que miden el progreso y la modernidad de una sociedad. Si en las horas de recreo se grita por una estrella del fútbol, llámese Romario, Bebeto o Neymar, y poco se escucha de Osvaldo Cruz (uno de los mayores epidemiólogos de la historia médica), Carlos Chagas (investigador notable, descubrió el mal de Chagas) o Euryclides Zerbini (pionero de los trasplantes de corazón), hay un desequilibrio en la formación de los jóvenes que reclama corrección. Parte de ese desequilibrio se origina en el bullicio de los medios en torno a los deportes o las frivolidades y a la escasa relevancia que se confiere a valores más permanentes.

La educación, los inventos, la investigación, el Premio Nobel, iluminan y marcan tanto o más a una nación que a sus estrellas de fútbol. Es sugestivo que esa desproporción de paradigmas sea más patente en las regiones del noreste, las menos desarrolladas de Brasil, donde la educación es también un sector poco favorecido. O curioso también que la inauguración de un campo de fútbol concite más interés y recursos que un centro médico.

Hace dos meses, el Financial Times publicó un estudio con la tabla de posiciones de 40 países tras pruebas estudiantiles de matemáticas, ciencia y lectura. Brasil ocupó el penúltimo puesto, solo mejor que Indonesia. En los tres primeros lugares aparecían Finlandia, Corea del Sur y Hong Kong. Los países latinoamericanos no tenían mucho para alegrarse, pues figuraban entre los cinco peores. Chile estaba en el puesto 33, Argentina en el 35, Colombia en el 36 y México en el 39. En otras mediciones, Uruguay y Costa Rica están entre los primeros de la región.

Los cambios que puedan producirse a raíz del colapso futbolístico están por verse y pocas dudas cabe de que orientarán decisiones. Darle una interpretación política a cualquier consecuencia es, a estas alturas, hilar demasiado delgado. Pero como nación vecina de Brasil, para Bolivia es importante detectar y observar con los ojos bien abiertos los caminos que empiecen a aparecer
 
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