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lunes, 6 de abril de 2009

horas más bolivia recordará otro 9 de abril cuando se estalló la revolución nacional

Escribe:
Mercedes Petit

Bolivia: 9 de abril de 1952
Los mineros y campesinos tuvieron el poder en sus manos


La clase obrera boliviana comenzó su organización sindical y tuvo diputados obreros desde la década del ’40. Desde entonces no ha dejado de luchar, derrotando dictaduras y enfrentando gobiernos entreguistas elegidos por el voto. En 1952 dominaron La Paz, derrotaron al ejército e iniciaron una gran revolución, cuyas enseñanzas siguen presentes.

Los trabajadores mineros venían avanzando en su organización. Ya en noviembre de 1946, en un Congreso Extraordinario de la Federación Minera, se habían aprobado las “Tesis de Pulacayo”, un programa transicional que expresaba la fuerte influencia del trotskismo. En 1951, aunque solo votaba la minoría que sabía leer, ganó las elecciones presidenciales Víctor Paz Estenssoro, principal dirigente de un partido nacionalista burgués, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), y como vice Hernán Siles Suazo. Las banderas antioligárquicas y antiimperialistas del MNR –comunes a otros movimientos similares de la época- dieron lugar a que la Rosca (las poderosas familias que dominaban el negocio del estaño), utilizara el ejército para no entregarle el poder.

Estalla la insurrección

Esa dictadura militar aguantó muy poco. El MNR intentaba negociar con los militares, con Paz Estenssoro exiliado en Buenos Aires. Siles Suazo conspiraba desde La Paz. Por su parte, Juan Lechín, dirigente minero perteneciente al mismo partido que Siles, llamó a los trabajadores a levantarse contra la dictadura. Así, en pocas horas, detonó el odio acumulado y todo empezó a cambiar.

En abril de 1952 estalló una insurrección popular encabezada por los mineros. Fueron bajando hacia La Paz desde los barrios de los alrededores, armados con dinamita y dispuestos a todo, junto a sus mujeres e hijos. Pelearon tres días, hasta vencer. Asaltaron el arsenal central y luego una base aérea, consiguieron municiones y resistieron el bombardeo de la ciudad por el ejército. En Oruro, el principal centro minero del país, los obreros tomaron la Región Militar y la Prefectura. A los tres días, el ejército se había desmoronado ante el poder de las milicias armadas, obreras y campesinas que se habían formado casi espontáneamente y dominaban la ciudad y el país.

Se fundó la COB, pero asumió Paz Estenssoro

Los trabajadores tenían las armas y decidían sobre el abastecimiento de alimentos y el transporte. Se fundó la Confederación Obrera Boliviana. Su principal dirigente era Juan Lechín, que compartía la dirección con un sector trotskista (el POR, que respondía a las posiciones de Ernest Mandel, corriente que actualmente se denomina Secretariado Unificado). Estaban dadas todas las condiciones para que la COB asumiera formalmente el poder que ya tenían en los hechos los obreros y campesinos y sus milicias. Pero su dirección optó por el camino opuesto: convocaron a Paz Estenssoro, que volvió del exilio el 14 de abril, y le regalaron la presidencia.

La movilización obrera y campesina seguía y presionaba sobre el gobierno. Se lograron la nacionalización de todas las minas (se formó la Comibol, Comisión Minera Boliviana) y una importante reforma agraria. Pero la burguesía, con el MNR y la conducción de la propia COB a la cabeza, fueron pactando con el imperialismo yanqui para desmontar la revolución. Aunque tardaron diez años, lograron desarmar las milicias y recomponer el ejército. En 1964 un nuevo golpe militar impuso en la presidencia al general René Barrientos, cerrando así uno de los capítulos revolucionarios más importantes de la historia de Bolivia y de América Latina. Luego vendrían otros, en 1970-71, en 1985... y siguen en el siglo XXI…

Podían gobernar los trabajadores y los campesinos

Medio siglo después el pueblo boliviano sigue peleando, combatiendo la miseria y la entrega al imperialismo provocadas por gobierno patronales. Muchas de aquellas conquistas se fueron perdiendo, y fueron surgiendo nuevos problemas, como las privatizaciones y la entrega del gas. Nuevos procesos revolucionarios han impuesto ahora que un dirigente indígena y cocalero asuma la presidencia.

La encrucijada de la revolución en Bolivia plantea avanzar por el camino que no se tomó en 1952. En aquella oportunidad, los mineros y los campesinos confiaron en los dirigentes obreros traidores, como Juan Lechín, y en las falsas promesas de los dirigentes patronales, como Paz y Siles. Tenían en sus manos las armas, estaban en las calles y organizados. Eran el único poder existente y se trataba de comenzar a ejercerlo. La conducción de la COB usó todo su peso, y las expectativas creadas por las falsas posturas de “izquierda” del MNR, para recomponer el dominio de la burguesía e impedir que se impusiera el gobierno obrero y campesino. No hubo una dirección alternativa que peleara por la salida que hubiera significado un cambio histórico para Bolivia y todo el continente: que el poder lo tomaran la COB y las organizaciones campesinas e indígenas.


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