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viernes, 2 de julio de 2010

la principal finalidad de un gobierno debería ser otorgar todas las seguridades de estabilidad y derecho para atraer las inversiones. Uruguay afirma.

Un modelo a imitar

Editorial del diario El Día de Santa Cruz, Bolivia

“Ni expropiaciones ni impuestos altos durante mi gobierno”. Así empezó su mandato el presidente de un país sudamericano que comienza a convertirse en un fenómeno político que promete poner a su nación en una nueva dimensión social y económica, como viene sucediendo ya con otros países de la región como Chile, Brasil, Perú y Costa Rica.
“En mi gobierno habrá reglas claras para que los empresarios apuesten por el país. Queremos un país tranquilo, donde hasta el ministro pueda caminar por la calle sin problema. Las inversiones son necesarias para dar más y mejor trabajo, solucionar problemas sociales y hacer de las nuevas generaciones gente más preparada”.
"Hay que cuidar el clima de inversión porque la riqueza es hija del trabajo y el trabajo necesita estabilidad. No se puede generar riqueza con decisiones legislativas. Se necesitan inversores, emprendedores, gente que se juegue. Invertir no es un bingo, pero quien lo hace sabe que corre ciertos riesgos. La tarea del gobierno es aminorar ese riesgo y ofrecer estabilidad. Esto lo tenemos que decir nosotros los políticos, no los economistas”.
“El país tiene muchos problemas sociales y por eso necesita inversión. Necesita trabajo, cada vez más y mejor trabajo, mejor remunerado, además leyes claras y tangibles. Necesitamos un clima que propicie la inversión. Históricamente hemos sido un desastre, preferimos sacarla para afuera, meterla en un banco, no invertirla acá. Hoy tenemos que convocar a todo lo nacional. Jugar acá, que no te la van a expropiar, ni te van a doblar el lomo de impuestos”.
“Cuanto más inversión más crece la economía, más aumenta la recaudación que necesitamos para fenomenales inversiones sociales. Pero si queremos recaudar aumentando los impuestos sobre la misma masa de riqueza, estamos fritos”.
Las palabras que se reproducen arriba pertenecen al ex guerrillero tupamaro, José Mujica, profundamente izquierdista y presidente de Uruguay desde hace cuatro meses. Accedió al poder por medio del Frente Amplio, una coalición política integrada, entre otros, por el Partido Socialista, el Partido Comunista y una amplia red de facciones que aglutina a socialdemócratas, trotskistas y marxistas leninistas.
Lo de Mujica no ha quedado en el discurso. Actualmente impulsa cambios a la Ley de Inversiones en la búsqueda de nuevos mecanismos de promoción, que contemple exenciones fiscales y beneficios a empresas que contribuyan a alcanzar los beneficios de la política económica. Se busca otorgar ventajas impositivas en función de la generación de puestos de trabajo, de valor agregado, de la incorporación de tecnologías limpias y de la localización en áreas del país de menor desarrollo relativo. La nueva ley pretende ser la herramienta ideal para atraer inversiones, ya no sólo a nivel nacional, sino regional, favoreciendo la radicación de empresas en Uruguay.
Mujica es el sucesor de Tabaré Vásquez, también del Frente Amplio. Él está dispuesto a mejorar lo bueno, que no es poco, ya que Vásquez consiguió aumentar las inversiones en Uruguay en un 228 por ciento en el 2009, respecto del promedio de los ocho años anteriores. Mujica ya dio señales de lo que puede lograr. En los primeros cinco meses del 2010 se ha visto un aumento del 25 por ciento de los emprendimientos con relación al mismo periodo del 2009. Y si hablamos de los montos de inversión, la cifra en dólares se ha triplicado.

El ex guerrillero de tendencia marxista que conduce Uruguay se ha vuelto el paladín de la promoción de las inversiones en su país.

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