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miércoles, 14 de diciembre de 2011

con dureza se refiere El Día a la poca disposición del jefe de Estado de atender las demandas del sector por lo que juzga se trata de "un Gobierno discapacitado" el que preside Evo

Cuánto tiempo llevamos con esta telenovela de los discapacitados en el país. Más de cinco años y no hay solución. Lo más probable es que los mutilados, los retrasados y los carentes de todas las facultades físicas y mentales sean los gobernantes, pues tanto tiempo y no han sido capaces de hallar una solución que evite calvarios como los que han tenido que pasar estos pobres hombres y mujeres, que ahora se encuentran realizando un recorrido de cientos de kilómetros, exigiendo un bono que les ayude a paliar los inconvenientes de sus vidas tan desdichadas.

En la antigua Grecia, aquellas personas que nacían con algunas capacidades disminuidas eran arrojados al mar desde una inmensa roca. Tal vez sea esa la idea del Gobierno del MAS, que hasta ahora se ha mostrado indolente con este sector tan desprotegido de la sociedad, mucho más en un país tan pobre y con tantas deficiencias, que hace aún más penosa la existencia de aquellos a los que le falta la vista o que padecen algún otro impedimento. Algo hay de raro en la forma de enfrentar este problema en un régimen que se jacta de una supuesta sensibilidad social. ¿Algún problema cultural? Tendrían que sincerarse de una vez para aclarar las cosas.

Los discapacitados están exigiendo el pago de un bono. Lo piden para aquellas personas que han llegado al mundo sin la más mínima posibilidad de valerse por sí mismos y menos para trabajar y satisfacer sus necesidades, que dicho sea de paso, son mayores que las de cualquier otro ciudadano. Un discapacitado necesita atenciones especiales y por lo general algún miembro de la familia debe atenderlo, lo que a su vez le impide desarrollar sus actividades normales, trabajar y producir. Cuando esta situación se da en el campo, en las provincias, en los barrios marginales, donde no existen instituciones especializadas que puedan brindar algún tipo de ayuda, la realidad se vuelve aún más dramática. Cuántas veces no se ha visto que niños especiales son abandonados en las calles o criados como si fueran animalitos en los patios traseros, donde se consume toda la dignidad de una manera lacerante.

Desde este sector hemos sido críticos de la política de repartija de bonos que ha propiciado el régimen del MAS y que ha regalado dinero a manos llenas para propósitos no siempre edificantes y bien orientados. No se trata de aprobar a ciegas un nuevo bono, aunque bien merecido lo tendrían los discapacitados, pues no tienen otra alternativa para subsistir en este país que los margina y los ataca sin piedad. ¿Acaso en la Constitución no establece que el Estado debe protegerlos? No se trata de hacer lo imposible, pero tampoco es aceptable que se los ignore tan descaradamente.

Además de la posibilidad del bono, existen muchas otras opciones, pero la discapacidad del Gobierno para buscarlas es lamentable. Hay muchas instituciones que se encargan de ayudar a los niños y adultos con impedimentos. El Estado no los atiende como debería. Todas estas casas de acogida, hogares y centros de atención y educación deben peregrinar constantemente para conseguir lo indispensable y el sector público apenas les entrega migajas en forma de becas alimenticias que no alcanzan para nada. El Gobierno bien podría fortalecer el apoyo a quienes saben hacer su trabajo y que podrían aliviarle de mejor manera la vida a estas personas tan desprotegidas.

La idea es buscar las respuestas, gestionar las soluciones y trabajar por quienes necesitan. Abocarse a hacer política con fines netamente electoralistas es lo que tiene a este Gobierno por los suelos en su índice de popularidad.
Los discapacitados están exigiendo el pago de un bono. Lo piden para aquellas personas que han llegado al mundo sin la más mínima posibilidad de valerse por sí mismos y menos para trabajar y satisfacer sus necesidades, que dicho sea de paso, son mayores que las de cualquier otro ciudadano.
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