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viernes, 17 de diciembre de 2010

se refiere a la caída de Mario Cossío gobernador de Tarija. es un exceso de poder asegura. "los pícaros deben ir a la cárcel" replica García Linera


El primer gobernador de la era autonómica de Tarija, Mario Cossío Cortez, fue derrocado mediante un procedimiento supuestamente legal aunque democráticamente vergonzoso.
En la historia de Bolivia, este episodio figurará como una mancha, como una violación de la democracia, como un desvío en el camino de los bolivianos hacia el perfeccionamiento de sus instituciones.
Este hecho será recordado con vergüenza por los bolivianos del futuro, igual que todas las violaciones que se han dado y se vayan a dar en este largo camino.
El hecho de que la decisión de un fiscal, no importa quién sea, lleve a la destitución de una autoridad elegida por el voto de los ciudadanos es una aberración, no importa las patrañas que se usen para justificarlo.
La voluntad popular merecía un mejor trato de parte de las leyes bolivianas, leyes recién acomodadas a nuevos propósitos, dentro de esquemas que nadie podría justificar ante un tribunal medianamente ilustrado sobre los principios de la democracia.
En el caso específico del gobernador Cossío Cortez, el cargo que se ha usado para derrocarlo, según dice él mismo, ni siquiera tiene relación con el periodo de su mandato de prefecto. Pero tan amplias son las posibilidades de abuso que se dan en estas circunstancias, que no tiene ninguna relevancia el hecho de que la acusación sea una grosera equivocación: igual procede la destitución.
Que el caso pase ahora a conocimiento de un juez sólo forma parte de la misma farsa, como se comprobó con el caso del ex alcalde de Potosí, René Joaquino. El juez a cargo sólo confirmó el propósito de la acusación, que era sacarlo del cargo con una sentencia que lo inhabilita de volver a ocupar las funciones para las que había sido elegido por el pueblo, en los plazos exactos.
¿Es esta la democracia por la que lucharon tantos bolivianos como Marcelo Quiroga Santa Cruz, Luis Espinal Camps, Domitila Chungara, Carlos Flores y todos los demás héroes que cayeron en la batalla?
¿Esto querían las valerosas mujeres mineras que en 1977-1978 realizaron la huelga de hambre que llevó al derrocamiento de Hugo Banzer?
Los tarijeños votaron por un gobernador y ahora tienen otro. Los bolivianos que se avergüenzan de que alguna vez, en este accidentado proceso democrático, el que salió tercero en unas elecciones haya sido elegido presidente por el Congreso, ¿qué podrán decir ahora de esta aberración por la cual el partido que perdió en las elecciones se hace del trofeo mediante un procedimiento inventado para desconocer el voto popular?
No importa lo que hagan o digan los tarijeños: este procedimiento ha producido una sentencia que nadie puede impedir. Es que son las bases de este esquema las que han sido diseñadas para que la voluntad de los electores sea desconocida y pisoteada.
Ahora, después de que los votos de los potosinos fueron desconocidos por un procedimiento posterior a las elecciones, después del vergonzoso episodio de Tarija, viene la destitución del alcalde de La Paz, del gobernador de Santa Cruz y de Beni.
Es esta la peor pesadilla de la democracia boliviana. Pero será recordada desde el futuro como un desvío que luego fue corregido por el pueblo.
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