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miércoles, 2 de marzo de 2011

Karem Aráuz nos hace ver "en estado fallido" las carencias de la Administración bajo marcado "déficit democrático" representado por un narcopolicía


Hace un tiempo leía un artículo de un analista internacional que, refiriéndose a la situación en la Argentina, calificaba a nuestro vecino país como un Estado fallido. Se refería entre graves apreciaciones, sobre todo a la incapacidad política, pese a tener todas las otras condiciones para hacerlo, de convertirse en el país óptimo para abastecer al mundo de cantidades inmensas de alimentos. Me quedó rondando qué es lo que ocurre para que se llegue a calificar a un país alejado a los tradicionalmente considerados estados fallidos como Somalia, Nigeria, Haití, Corea del Norte o Costa de Marfil entre otros. Buscando una definición que conceptuara de una manera más o menos precisa qué es un estado fallido que se aproximara a nuestra realidad actual, me topé con un conocido tanto de Chávez como del Vicepresidente García Linera (posiblemente uno de los únicos norteamericanos que se libra de su vituperio) Noam Chomsky. Por lo obvio y en el afán de uniformar ideas, transcribo lo que este famoso académico y científico, también autonombrado socialista libertario, define con contundencia a propósito de Estado fallido: “son aquellos que carecen de capacidad o voluntad para proteger a sus ciudadanos de la violencia, incluso la destrucción. Se consideran más allá del alcance del derecho nacional o internacional. Padecen un grave “déficit democrático” que priva a sus instituciones de auténtica sustancia”. Un genio. La algarabía oficialista sobre esporádicas incautaciones de droga, se va a la alcantarilla por la copiosidad de indicios del notable robustecimiento de la cadena productiva de cocaína en los últimos años -que además está históricamente comprobado que de la producción total, es apenas un 20% el máximo de lo que se incauta- tenemos un cuadro verdaderamente peligroso. Porque hay asuntos como el de las narco hermanas Terán, el taimado narcoamauta, los múltiples narcoalcaldes y suman y siguen las coincidencias que están dejando de ser misterios. Y como si esto no fuera suficiente, nos cae la evidencia de la penetración de la mafia narcotraficante en el lugar exacto, en el corazón mismo de la administración masista. Ni la Presidencia del Estado está tan en el blanco como el Ministerio de Gobierno y la Policía Nacional por sus específicas funciones. El container de Hong Kong y el famoso jet ejecutivo incautado en Barcelona hace unos días, llevaban en su cargamento el sello “Made in Bolivia” en un dudoso esfuerzo globalizador. El caso de Sanabria Oropeza marca un hito en la historia de nuestro país ligada al narcotráfico. Yo que no comprendo bien la indignación que causa que los chilenos bailen nuestra diablada cuando jamás he sabido de un reclamo de México o Argentina por la abundancia de mariachis y escuelas de tango en Bolivia, encuentro que ahora sí, es nuestra soberanía la que está en entredicho ante la más vil de las esclavitudes que es la de la criminalidad y las drogas. Éste es un golpe letal a nuestro país. Si los bolivianos a veces nos sentíamos escudriñados cuando presentábamos ante una ventanilla de migración en cualquier parte del mundo nuestro pasaporte en mano, no sé qué sentiremos a partir de ahora. Porque criminales los hay en todos lados. Corruptos y narcotraficantes hay en muchas partes. Pero a nosotros nunca antes alguien nos había representado con tamañas credenciales. Él comandaba la Fuerza Especial de la Lucha contra el Narcotráfico en este gobierno, cuando el Estado Plurinacional de Bolivia en uso de su “soberanía”, expulsó a la DEA. Estirando mi lema preferido del “piensa mal y acertarás” me atrevo a especular si no serán los kilos mediáticamente incautados, los mismos objeto de exportación. Luego de su retiro encontró acomodo en nada menos que la Dirección de Inteligencia del Estado. O este policía era increíblemente inteligente o los que lo rodean son unos incautos. Los puntos se van uniendo, las figuras se van definiendo y las piezas se van acomodando. De no ser tan dramático lo que está sucediendo, se vería casi cómica la condena expresada por ciertos voceros oficialistas rasgándose las vestiduras. Esto es de verdad un atentado a la soberanía y la dignidad. Lo demás, son discursos vergonzantes. Y que se vayan olvidando de exigir extradición. Aunque les cause asombro e indignación, introducir droga a los Estados Unidos es un crimen con castigo. Por ahora René Sanabria Oropeza ha optado por el silencio. Estando en Miami, sin ninguna posibilidad de que le echen el guante acá, no sé cuánto tiempo callará. Porque cadena perpetua es una extensión demasiado larga de tiempo para digerírsela solito. Aún habrá algo nuevo bajo el sol. Nuestra credibilidad como Estado está en vertiginosa caída afuera y adentro. Nunca hemos estado más cerca de ser catalogados como Estado en proceso de hundimiento. Ahmadineyad y Gaddafi, el Bolívar de Libia según Chávez, no serán precisamente las mejores recomendaciones a la cercana hora en que sin duda, nos pondrán bajo la lupa internacional.
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