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jueves, 28 de junio de 2012

Erika Brockman lo pone claro cuando se refiere al Censo Nacional fijado para noviembre venidero. propone la forma de evitar lo que llama "el ninguneo" como impostura inaceptable


Más temprano que tarde seremos parte de la movilización nacional que permita la realización del Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, previsto para el 21 de noviembre. Su importancia para los procesos de planificación, desarrollo, orientación de políticas públicas y redistribución de recursos fiscales y de espacios de representación política está fuera de duda. Sin embargo, hay motivos para desconfiar de los resultados que se obtengan en tanto se niegue la posibilidad de incluir la opción de ‘mestizo’ en la polémica pregunta 37 de la boleta oficial, todavía provisional.
Ya en 2001, esta negación dio origen al sui géneris término de ‘mesticidio’, en alusión a la liquidación de una opción que hubiese dado una salida alternativa a quienes no se identificaban con las opciones de quechua, aimara, guaraní, chiquitano o mojeño de la boleta censal. Recuerdo que varias autoridades del entonces Gobierno ‘neoliberal’, así como importantes sectores de la población, prefirieron aparecer como pertenecientes a un pueblo indígena antes que marcar la opción residual de ‘ninguno’. Queda claro que lo hicieron sin mayor convicción y sin siquiera imaginar las consecuencias políticas e ideológicas de esta inflación porcentual de la población indígena en el registro oficial.

A diferencia de la de 2001, la boleta actual, en su pregunta relativa a la pertenencia racial, incluye dos palabritas clave que le dan consistencia conceptual y técnica al reclamo frente al ninguneo oficial de lo mestizo. Dice: “¿Se considera perteneciente a algún pueblo, nación indígena, originario o afroboliviano?”. La respuesta incluye a 36 pueblos o naciones concordantes con el abanico de idiomas reconocidos por el texto constitucional más dos opciones alternativas: ‘otro nativo’ o ‘no pertenezco a ninguno’.


Resalto aquí las palabras nación y boliviano, independientemente del sufijo ‘afro’, para sugerir la posibilidad de incorporar en la boleta la alternativa de simple y llanamente ‘boliviano(a)’. Esta propuesta es coherente con el art. 3 de la Constitución, el mismo que se refiere a la nación boliviana como abarcadora de “la totalidad de las bolivianas y los bolivianos y del conjunto de naciones y pueblos indígenas originarios campesinos.” Si fuera así, no debiera ser extraño considerar como válida la referencia de lo quechuaboliviano, aimaraboliviano, etc. Lo boliviano sería cobijo de lo plurinacional.


El término de ‘nación boliviana’ supera la limitación conceptual de lo mestizo, que, según algunas corrientes de opinión, ‘racializa’ una pertenencia de orden étnico-cultural. Lamentablemente, todo indica que será difícil lograr la inclusión de lo boliviano en la boleta censal. Ante esta reiterada negación o ninguneo de lo mestizo y la renuencia de fortalecer la idea de nación boliviana, es que me atrevo a sugerir que emprendamos una cruzada para que el día del censo optemos masiva y comprometidamente por las opciones ‘otro nativo’ o ‘no pertenezco a ninguno’.


Tengo la seguridad de que la mayoritaria respuesta de ‘otros’ o ‘ninguno’ obligará a sincerarnos con una realidad que deliberadamente se ha negado y distorsionado a partir de un discurso etnonacionalista que acentúa las diferencias. Discurso cuya naturaleza forzada comienza a develar su inconsistencia empírica y conceptual y, lo que es peor, la impostura política que lo alimenta.

 (*) Sicóloga, politóloga y exparlamentaria

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