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lunes, 24 de agosto de 2009

El Deber se ha hecho eco del incidente de Quillacollo cuando un ciudadano le dijo en la cara a Evo "cocalero ateo. cocalero asesino" ahora encarcelado


Como sabemos, una persona de la tercera edad, bajo el influjo del alcohol, golpeó el vehículo de Su Excelencia con ocasión de la festividad de la Virgen de Urkupiña en la localidad de Quillacollo (Cochabamba) y ahora está siendo enjuiciada con el cargo de haber atentado contra la vida del Presidente, mientras su familia ha denunciado ser víctima de presiones que exceden los límites del Código Penal.
En nuestro criterio, Evo Morales Ayma debió instruir que el suceso sea archivado como un hecho anecdótico más, como ocurrió con algunos de sus antecesores, porque el percance no pasó a mayores y fue controlado de inmediato por su personal de seguridad; además, porque se trató de un caso aislado que sucede con frecuencia en todas partes.
Si recordamos, algo parecido pasó al presidente Celso Torrelio cuando al salir de Palacio un ciudadano le gritó: “Me tiro con usted, Presidente”, pero el asunto no recibió mucha atención y fue olvidado.
Llama la atención, sin embargo, que a este pequeño incidente de Quillacollo se le dé más importancia de la que realmente tiene, al punto de quererlo tipificar como un intento de magnicidio, ya que al día siguiente el infortunado ciudadano admitió humildemente su culpa y pidió perdón, atribuyendo su falta a las copas de más que tenía entre pecho y espalda el día del suceso.
Lo curioso es que el hecho sucedió en un reducto del MAS, donde otrora el Presidente era querido y aplaudido, porque Quillacollo es una localidad que de forma permanente recibe a gente de Chapare, por la relación estrecha que mantienen con el tema de la hoja de coca.
El 15 de agosto de cada año los quillacolleños festejan con solemnidad la fiesta religiosa con la entrada folclórica y el ascenso al cerro de Urkupiña para sacar piedras como parte de una tradición mística arraigada en la cultura popular.
A esta celebración acuden visitantes ilustres, como gobernantes y candidatos, que en épocas electorales, especialmente, se encomiendan a la Virgen y solicitan su bendición y protección.
Entonces, lo ocurrido con el vehículo presidencial acaso fue una respuesta de la bronca de mucha gente que no logra entender cómo el presidente Morales, que tantas veces agredió a la Iglesia católica, llegó a esa localidad con un descomunal despliegue de seguridad, como si temiera ser víctima de un atentado. Al menos eso reflejaba su rostro tenso, parecido al que mostró en Sucre cuando la gente le gritaba por las muertes de La Calancha.
Por eso, consideramos que hay demasiada desproporción entre lo que fue un bochorno de poca monta protagonizado por una persona embriagada y la tipificación que se le dio, ya que muestra una exageración en la sanción y el castigo, lo cual revela un ‘amedrentamiento’ judicial y policial, propio de las dictaduras clásicas de la izquierda estalinista.
No obstante, el suceso ha servido para medir el inocultable desgaste que está sufriendo el actual régimen, particularmente nuestro Presidente. ¡Hasta la próxima!
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