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domingo, 16 de octubre de 2011

Agustín Echalar quién siendo operador de turismo goza de un sentido común envidiable en cuanto al tema electoral


Hoy día se consuma una impostura más de este proceso de cambio. La versión oficial dice que es la primera vez en la historia que se da una elección de esta naturaleza (y no se han preguntado que a lo mejor eso no ha sucedido en ninguna parte del mundo, no porque las democracias más maduras son menos imaginativas, sino porque en realidad es una muy mala idea). Orondos, repiten la especie de que por primera vez el pueblo elegirá a sus jueces, algo que nunca antes pasó –García Linera, hasta ayer, repetía que antes 150 personas habían elegido a sus amigotes.
El pueblo, el día de hoy, está siendo usado por el MAS para darle una legitimidad indiscutida a un aparato judicial afín al Gobierno. Y eso es de terror. Aclaremos, con el antiguo sistema el Gobierno, que tiene una mayoría tan aplastante en la Asamblea pudo haber elegido sin mayores trámites, también a un aparato judicial de las mismas características, pero hubiera tenido que tener más pudor, porque se lo hubiera podido poner en evidencia más fácilmente.
Seamos justos, en teoría, con este nuevo y sui géneris sistema, una vez elegidos estos jueces, ellos podrían tener mayor independencia, y ponerle un “estate quieto” al Órgano Ejecutivo, el Tribunal Constitucional, por ejemplo, tendría que rechazar una enorme cantidad de leyes y decretos que han sido producidos en este último tiempo. ¿Lo hará? ¿Podemos darnos el lujo de ser tan ingenuos de creer que eso pasará?
Lo que tiene que quedar claro hoy es que los jueces que resulten electos, que fueron escogidos entre los adictos al MAS, lo deben ser también por la población adicta al MAS, los otros deben  hacer notar su molestia, su papeleta debe ser un mensaje claro e inconfundible, amén de que el acto puede también ser utilizado como una especie de catarsis.
Por lo demás, elegir a cinco personas en esa enorme papeleta, se me antoja a algo parecido como cuando, en una noche demasiado larga, uno toma un taxi para volver a casa, lo hace parar y se fija en la cara del chofer, para intuir si se está poniendo en peligro o no. ¿Es ese señor detrás del volante un cogotero?  En ese momento se elige también, sin tener mayores datos. (Como el riesgo es grande, lo sensato es no tomar taxis en medio de la calle a esas horas de la noche, sino llamar a un radio taxi de confianza). 
Ha pasado el período preelectoral, y ha sido imposible conocer a los candidatos. Los largos programas de televisión nos han mostrado en no pocas oportunidades unos conejitos asustados de las cámaras, o unos personajes acartonados que no podían causar ninguna empatía, ni dar mensaje alguno. Ha habido candidatos ante los que el espectador se puede preguntar con relativa justeza: ¿cómo es posible que ellos pasaran la preselección?  Pero eso sería también injusto… ¿cómo se puede evaluar a un futuro juez por una participación en un programa de TV?
El destino de esta elección era su más absoluta politización, no porque fuera mal manejada, no sólo porque son los afectos al MAS los que se ven mayoritariamente representados en la papeleta, sino por la dinámica misma de lo que es una elección. Para hacer un buen pan se deben mantener ciertos ingredientes y ciertas técnicas, se pueden hacer variaciones, pero si se exagera con la imaginación, puede salir cualquier cosa.   

El autor es operador de turismo
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