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lunes, 8 de agosto de 2011

Fernando Prado Salmón considera que S.E. se juega su "prueba de fuego" con el tema del TIPNIS, y formula preguntas básicas de una postura oficial contradictoria y paradigmática


Dos son los paradigmas centrales de la ideología del Gobierno del MAS: la defensa de los indígenas, su cultura y su territorio, y la defensa de la Pachamama o madre tierra, protegiéndola de su depredación o mal uso. Pues bien, la carretera que se pretende construir por el medio del Tipnis es una agresión directa a los indígenas, dueños de ese territorio, y al bosque del parque nacional, patrimonio nacional valiosísimo por su biodiversidad.
¿Cómo se explica que un Gobierno defensor de los indígenas y de la madre tierra se lance de manera tan agresiva a construir una carretera que, al destruir bosques y hábitat indígena, es la negación de todo lo que se sostiene? ¿Y cómo se explica que no quiera saber de modificar ese trazo para producir menos daños?
Una primera explicación es que, sin duda, la idea de progreso que se maneja desde el Gobierno es lamentablemente una idea vieja, la del desarrollismo de los años 50, cuyos límites la realidad se ha encargado de mostrar. En ese sentido, asimilar automáticamente carretera con progreso es simplista, pues una carretera puede también ser –como en este caso– simplemente un instrumento de destrucción y depredación.
Para sostener este insostenible proyecto, el Gobierno ha lanzado su artillería pesada contra quienes llamaban la atención sobre esta decisión, declarándolos ‘traidores’, sin darse cuenta de que estaba agrediendo a sus aliados, a gente que lo había sostenido y apoyado por mucho tiempo, entre los cuales están los mismos indígenas benianos, ONGs afines y sectores profesionales, sobre todo ambientalistas, que hasta el momento compartían algunas inquietudes comunes.
Si el Gobierno no reflexiona y vuelve coherentemente a la filosofía e ideología defensora de indígenas y naturaleza que dice tener, se está colocando en una situación política e ideológicamente insostenible, que pesará muchísimo en un futuro balance y le quitará a futuro la legitimidad que tanto necesita.
Esta errada decisión está además entregando de nuevo en bandeja a la oposición un tema que tendrá altísimo costo político, como sucedió con la autonomía, a la que primero apoyó, luego hostigó, para luego volver a apoyarla, pero ya sin credibilidad.
En el balance que se haga de este error, la gente se preguntará cómo fue posible que un Gobierno indigenista atropelle así a indígenas del oriente; se preguntará cómo es posible que un Gobierno defensor de la Pachamama haya abierto el camino para que se continúe con el saqueo de los bosques, habilitando tierras que no son agrícolas. Se preguntará también cómo fue posible que no se hubieran dado cuenta de que esa actitud de saqueo de recursos naturales es una actitud diametralmente opuesta al ‘vivir bien’ que pregonan. Se preguntará cómo creen poder ‘controlar’ asentamientos clandestinos si no se puede controlar ni las aceras de nuestras ciudades. Se preguntará también que si esas eran imposturas, ¿cuántas imposturas más nos esperan en el camino?
La legitimidad y la confianza de todo un proceso se verán definitivamente destruidas.
Si yo fuera Evo Morales, por política y por coherencia no dudaría un instante en buscar una nueva ruta que salve el Tipnis. Así, en vez de los encabezados nacionales e internacionales que digan “Evo Morales arremete contra indígenas y bosques seculares, en contra de todo lo que pregona”, los titulares dirían: “Fiel a su discurso indigenista y ambientalista, Evo Morales instruye modificar carretera que amenazaba a indígenas y parque nacional”. ¿No les parece política elemental? 
 
El autor es arquitecto
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